viernes, 2 de agosto de 2013

Clase A de Mercedes con cambios


Esta clase ha pasado, sin espacios  intermedios, de una especie de monovolumen por altura y puesto de conducción, a un compacto con carrocería de cinco puertas, tipo hatchback, perfectamente posicionado para ser un duro rival de la serie 1 de BMW y del Audi A3. Las transformaciones se plasman en sensibles reducciones de la altura (18 cm) y del centro de gravedad, para tomar esa disposición de compacto premium con la que se coloca en el  mercado bajo la imagen de marca. Mirar el Clase A ejerce una innegable atracción por su estética. Tiene algo de sus competidores y mucho propio, lo que le configura con una personalidad muy definida. No rompe moldes en cotas, pues ahí están sus casi 4,3 mt de longitud, 1,78 de ancho y 1,43 de altura, dimensiones perfectamente enmarcadas en los estándar de los compactos, pero hay algo más.

La parte delantera ofrece un capó largo, muy de berlina clásica, con un perceptible ángulo de inclinación y nervaduras en los bordes para resaltar los relieves. En el frontal -más adelantado- queda la parrilla con ese logotipo de la estrella muy resaltado, a la manera de los modelos más deportivos de la marca. Los faros no rompen la continuidad de esta zona con esas puntas levemente afiladas y la sugerencia de imagen de lágrima. Todo queda claramente concretado en ese coeficiente aerodinámico de 0,28 (0,26 en las versiones Eco), imbatible en esta categoría de berlinas.

Por el lateral se divisa una línea alta de cintura y poderosas redondeces tras el pilar C, que se conjugan con la solidez del portón y de los spoilers traseros, dibujo cónsono con las sugerencias deportivas que siempre transmite este segmento, pues no en vano se dirige a un público juvenil que acepta con agrado y exige estos guiños. En las sugerencias racing prima el diseño de las llantas (multirradio) en tono oscuro lacado, y que forma parte de las concesiones hechas en algunas versiones, a determinados componentes, de un equipamiento AMG, las siglas deportivas de la marca de Stuttgart. Estas concesiones de equipamiento AMG están también en el habitáculo con detalles discretos, pero acertados.

Los asientos tienen las formas deportivas y la tapicería negra con ribetes en hilo blanco que conjugan acertadamente el estilo del coche. El volante, forrado en cuero, también se suma a ese juego de impresiones. La habitabilidad es buena, sobre todo en los asientos delanteros que adoptan una posición baja para ahondar en las características deportivas.

Esto sin perder el grado necesario de comodidad y de sujeción cuando se trata de trayectos virados.

La distancia entre filas es la adecuada para viajar sin problemas y sin incomodidades y el maletero adopta las medidas típicas de un compacto; es decir, lo suficiente para un par de maletas y dos bolsas.

En el salpicadero se aglutinan los dispositivos, sobre todo en los de la zona del volante. La palanca de cambios se posiciona ahí y, aunque es de manejo muy sencillo, la propia inercia de movimientos puede llevar a confundirlos con las manivelas de los limpiaparabrisas, situados en la zona de la izquierda, posición no habitual, salvo en Mercedes. La zona central cambia por completo y el manejo de pantalla y equipos de sonido entra en el campo de lo más simple. Muy acertadas, dentro del componente estético, son la colocación y dibujo de los difusores de aire acondicionado en el centro y los laterales de la consola, fácilmente dirigibles para hacer más efectiva la ventilación a los ocupantes. No hay que perderse las molduras cromadas.

La motorización ha correspondido a la versión más alta del ciclo diesel, la de 2.2 litros con 170 CV de potencia, carente de refinamiento por el fuerte ruido que transmite al interior, tanto en el arranque -claramente diesel- como en la marcha, aunque más leve por la toma de calor del propulsor.

Fuente: Ángel Alonso

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